lunes, 4 de abril de 2011

Capitulo 2- Rezo por vos.

“¡Son cosas que pasan, Anabell!”, me dice siempre mi vieja. Mamá, ¿un consejo? No me quieras consolar diciéndome que a otras personas tal vez alguna lejana vez les pasó lo mismo o algo parecido. Además si, son cosas que pasan, pero ¿todas a mi? Guarden un poco de mierda para los demás.
Todo esto se empezó a ir de las manos el día en que uno de mis primeros novios llegó. No fue el que más quise ni el que más me marco. Pero en ese momento hizo explotar cosas que venia aguantando hacia un tiempo…
Llegando a mi adolescencia las cosas en casa empezaron a estar más complicadas. Mi abuela fue envejeciendo con el paso del tiempo y las diferencias generacionales hicieron que empezáramos a perder la conexión. Hoy, me arrepiento de eso y me gustaría volver para hacer las cosas que me gustaban con ella. Sé que no hubiese entendido ni la mitad de lo que realmente soy y las cosas que amo, pero me hubiese gustado mucho que me vea así.
Entre mi mamá y mi papá no sé bien que pasó, pero puedo suponer que casi 40 años de matrimonio hicieron lo suyo, y mientras el tiempo iba pasando las cosas se seguían desgastando. Los dos tenían un carácter de mierda, yo no me quedo atrás.
Mi mamá dejó de mimar a mi papá y a mi papá eventualmente dejó de molestarle. Sé que tuve que ver en todo eso y que las discusiones con uno de ellos o a veces los dos, también hacían que ellos pelearan. Rezo por que no me pase lo mismo y tener que atarme a un matrimonio solo por tener hijos, rezo, pero sé que pasa y es muy normal. Amo a mi papá pero sé que en algún momento quiso irse y no lo hizo. Fue muy noble no ser fiel a lo que sentía (o no sentía) y quedarse, pero también fue muy estúpido de su parte y creo que si hubiese tenido mas conciencia de todo esto y hubiese sido un toque más grande se lo hubiese dicho. Resumiendo las cosas creo que tengo mucho que ver con que mis viejos hayan dejado de amarse, y dirán ¡que pesimista, que dramática, que exagerada!, pero sé que fue así y que por más que no se arrepintieran de mi llegada y que fuera algo que deseaban muchísimo, como pareja dejaron que eso los desgastara, se descuidaron, y fue mutuo.
La época que transcurría hacía que yo chocara mucho con los dos y después de llorar muchísimo y no llegar a un acuerdo, las cosas empezaron a pesarme demasiado. Las peleas constantes me hicieron ser, por un tiempo, alguien triste y sin mucho ánimo.
Es acá donde entra mi ahora ex. Por razones que van a entender con el paso de las páginas decidí cambiar nombres, simplemente para ahorrarme un par de puñaladas. Digamos que este chico se llamaba Matías. Con Matías, tuve una relación que no duró mucho, pero lo que duró marcó algo. El tiempo con Matías fue raro, porque sé que me hacia bien, pero por alguna razón no puedo recordar mucho de esos dos meses, no recuerdo momentos felices, ni nada que me ate a que sea solamente un recuerdo de mis principios con los hombres y las malas experiencias, y también algo que tengo que contar para llegar a la parte importante.
No se que fecha era, pero fue un jueves. Hacía frío y las cosas con Matías venían mal. Esa tarde decidimos terminar y las cosas que desencadenó la ruptura fueron más grosas que la ruptura en sí y el hecho de perder a Matías, cosa de lo que me iba a dar cuenta mucho después. En el momento no, no te digo que se me caía el mundo, pero parecido. Me dolió mucho todo y no pude con algunas presiones que llevan romper con alguien.
Los días que le siguieron a esa tarde son bastante confusos. Esa misma noche me es confusa. Me dormí eventualmente, mientras lloraba. Ese viernes a la noche paso algo de lo que me arrepentí y me arrepiento muchísimo. La idea de pasar por todo eso me superó y esa noche estaba tirada en mi cama, esperando milagrosamente que algo pasara. Claramente, nada pasó. Y de tanto esperar, me desesperé. Lo que había sido llorar un poco ahora era un llanto desconsolado y lo que era sentirme mal había pasado a ser no dormir y pensar cosas del estilo que se piensan en una situación así, a esa edad. La realidad es que sentí que el mundo se me caía y a pesar de que no fue así me quedó muy grande el hecho de que me dejen y me quedó muy chico Matías.
De tanto llorar sin poder conciliar el sueño y de ahogarme por llorar con todas mis ganas, empecé a ahogarme y toser, sintiendo muchas ganas de vomitar. Corrí al baño tratando de calmarme, pero no pude y cuando entré vomité como pocas veces en mi vida. Me calmé mientras me lavaba la cara y los dientes y volví a acostarme. Un poco mareada por la situación y no entendiendo mucho me explique como pude a mi misma lo que había pasado. Lo peor del caso es que me sentía mejor y me había relajado un poco. Vomitar me había hecho vaciar un montón de angustia que ya no se encontraba más en mí. Creí que vomitar era, a corto plazo, mi salida de todo lo malo en mí… después me vine a enterar que era solo la entrada.

No hay comentarios:

Publicar un comentario