miércoles, 6 de abril de 2011

Capitulo 3- Mia.

Los días pasaron después de esa noche y el dolor de todo lo que me pasaba seguía estando, pero de a ratos encontraba el consuelo en el pateticismo de autoinducirme a vomitar para descargar lo que sentía. Son momentos que con el paso del tiempo fui suprimiendo de mi memoria. Cada vez que lo hacía sentía un peso menos, pero a medida que las semanas pasaban se fue volviendo un hábito y los síntomas de empezar a fijarme en mi peso y controlar las comidas empezaron a ser mi realidad. Dejé de comer alguna que otra cosa que antes comía durante los recreos en el colegio y delante de mis amigas y el resto de mis compañeros de clase. Las cenas en casa cada vez eran menos con la excusa de que “ya había comido algo por ahí” y en las ocasiones que comía lo hacía desesperadamente y al terminar me sentía tan culpable que necesitaba sacarlo de mi sistema. Me tomó un tiempo darme cuenta que estaba enferma y a pesar de que en todo momento fui conciente de eso no fue fácil salir ni reconocer que necesitaba ayuda. Mi ruptura con Matías fue en septiembre, y las cosas no terminaron con él hasta muchísimo después, pero no nos adelantemos, el punto era que él me seguía haciendo mal, me vendió la historia de que el problema era yo y baja de autoestima y amor por mi misma como estaba, se lo compré. Me compré una versión mía que existió y la odié en su momento y no va a haber día de mi vida que no la odie.
Vomitar se volvía la salida fácil cada vez que algo me molestaba o lograba lastimarme o enojarme mucho. Me castigué mucho por cosas en las que no tenía mucho que ver, me sacrifiqué y me auto flagelé muchísimo. Cada vez más lejos de Matías y de lo que yo solía ser, me perdí muchísimo en algo que me superó totalmente. Mi enfermedad es algo que me cuesta dejar atrás por muchas razones. Sigo muy ligada a muchos aspectos míos de esa etapa, de esa Anabell, que todavía están en algún rincón.
Los siguientes meses fueron muy difíciles de sobrellevarme. Mis papás nunca se enteraron de esto, y espero no ofender a nadie con lo que escribo, es la verdad. No digo que sea la verdad absoluta, pero es mi verdad.
El no comer derivó en algunos desmayos de los que nadie se enteró, y el vomitar dejo de ser una forma de escaparme de toda la mierda, y pasé a adoptarlo como un hábito, como algo de mi día que la mayoría de los días no faltaba.
Mi peso nunca fue crítico, supongo que por eso nunca nadie además de las pocas personas a las que yo les conté lo notó. Tenía otros signos que solamente personas que estuvieran en lo mismo o algún profesional podría notar; como los nudillos mordidos, la fatiga, los cambios de humor, etc. En algún momento leí mucho sobre el tema y encontré muchas páginas de Internet de chicas mucho más enfermas que yo, que parecían no entender que estaban en peligro y se alentaban a no comer o castigarse por haberlo hecho. Ese tipo de chicas hoy existen y se hacen llamar Las princesas de Ana y Mia (por anorexia y bulimia).
Era muy chica y frágil, y actuaba por instinto. Los meses que perdí vomitando nunca los voy a recuperar. Mi forma de pensar en ese momento y de ver las cosas estaba tan ida de lo que realmente era que a veces me asusta haber sido así, porque esa parte mía, estuvo ahí, y a pesar de estar ahora muy dormida y olvidada, sé que todavía está.
Ese verano Matías siguió torturándome con sus idas y vueltas, y creo que en algún momento las cosas dejaron de importarme tanto. Porque lo notó y ahora el que quería arreglar las cosas era él. Yo estaba muy ocupada vomitando y enfermándome cada vez más, sin darme cuenta la bulimia me iba ganando por default.
Creo que todo lo que pasé ese tiempo es parte de lo que soy ahora, pero no me define ni se acerca a lo actual. Es difícil pensar en todo esto y escribirlo como si nada. Por más que hoy en día este superado, hay cosas que siempre me van a doler.
Me parece que es muy poco para decir, de algo tan grande y peligroso como una enfermedad de este tipo. Pero a pesar de que quiero dar más detalles de cómo fue mi vida con Mia por alguna razón siento que está todo más que dicho.
Mi salida de la enfermedad no fue linda ni fácil, no fue mágica ni repentina… me costó y me cuesta mucho, porque es una enfermedad en la que se puede recaer toda la vida. Por suerte siempre hay alguien mirando para que no te caigas… y a pesar de que todo parecía perdido, cuando menos lo esperaba, la ayuda apareció disfrazada de alguien a quien amar.

lunes, 4 de abril de 2011

Capitulo 2- Rezo por vos.

“¡Son cosas que pasan, Anabell!”, me dice siempre mi vieja. Mamá, ¿un consejo? No me quieras consolar diciéndome que a otras personas tal vez alguna lejana vez les pasó lo mismo o algo parecido. Además si, son cosas que pasan, pero ¿todas a mi? Guarden un poco de mierda para los demás.
Todo esto se empezó a ir de las manos el día en que uno de mis primeros novios llegó. No fue el que más quise ni el que más me marco. Pero en ese momento hizo explotar cosas que venia aguantando hacia un tiempo…
Llegando a mi adolescencia las cosas en casa empezaron a estar más complicadas. Mi abuela fue envejeciendo con el paso del tiempo y las diferencias generacionales hicieron que empezáramos a perder la conexión. Hoy, me arrepiento de eso y me gustaría volver para hacer las cosas que me gustaban con ella. Sé que no hubiese entendido ni la mitad de lo que realmente soy y las cosas que amo, pero me hubiese gustado mucho que me vea así.
Entre mi mamá y mi papá no sé bien que pasó, pero puedo suponer que casi 40 años de matrimonio hicieron lo suyo, y mientras el tiempo iba pasando las cosas se seguían desgastando. Los dos tenían un carácter de mierda, yo no me quedo atrás.
Mi mamá dejó de mimar a mi papá y a mi papá eventualmente dejó de molestarle. Sé que tuve que ver en todo eso y que las discusiones con uno de ellos o a veces los dos, también hacían que ellos pelearan. Rezo por que no me pase lo mismo y tener que atarme a un matrimonio solo por tener hijos, rezo, pero sé que pasa y es muy normal. Amo a mi papá pero sé que en algún momento quiso irse y no lo hizo. Fue muy noble no ser fiel a lo que sentía (o no sentía) y quedarse, pero también fue muy estúpido de su parte y creo que si hubiese tenido mas conciencia de todo esto y hubiese sido un toque más grande se lo hubiese dicho. Resumiendo las cosas creo que tengo mucho que ver con que mis viejos hayan dejado de amarse, y dirán ¡que pesimista, que dramática, que exagerada!, pero sé que fue así y que por más que no se arrepintieran de mi llegada y que fuera algo que deseaban muchísimo, como pareja dejaron que eso los desgastara, se descuidaron, y fue mutuo.
La época que transcurría hacía que yo chocara mucho con los dos y después de llorar muchísimo y no llegar a un acuerdo, las cosas empezaron a pesarme demasiado. Las peleas constantes me hicieron ser, por un tiempo, alguien triste y sin mucho ánimo.
Es acá donde entra mi ahora ex. Por razones que van a entender con el paso de las páginas decidí cambiar nombres, simplemente para ahorrarme un par de puñaladas. Digamos que este chico se llamaba Matías. Con Matías, tuve una relación que no duró mucho, pero lo que duró marcó algo. El tiempo con Matías fue raro, porque sé que me hacia bien, pero por alguna razón no puedo recordar mucho de esos dos meses, no recuerdo momentos felices, ni nada que me ate a que sea solamente un recuerdo de mis principios con los hombres y las malas experiencias, y también algo que tengo que contar para llegar a la parte importante.
No se que fecha era, pero fue un jueves. Hacía frío y las cosas con Matías venían mal. Esa tarde decidimos terminar y las cosas que desencadenó la ruptura fueron más grosas que la ruptura en sí y el hecho de perder a Matías, cosa de lo que me iba a dar cuenta mucho después. En el momento no, no te digo que se me caía el mundo, pero parecido. Me dolió mucho todo y no pude con algunas presiones que llevan romper con alguien.
Los días que le siguieron a esa tarde son bastante confusos. Esa misma noche me es confusa. Me dormí eventualmente, mientras lloraba. Ese viernes a la noche paso algo de lo que me arrepentí y me arrepiento muchísimo. La idea de pasar por todo eso me superó y esa noche estaba tirada en mi cama, esperando milagrosamente que algo pasara. Claramente, nada pasó. Y de tanto esperar, me desesperé. Lo que había sido llorar un poco ahora era un llanto desconsolado y lo que era sentirme mal había pasado a ser no dormir y pensar cosas del estilo que se piensan en una situación así, a esa edad. La realidad es que sentí que el mundo se me caía y a pesar de que no fue así me quedó muy grande el hecho de que me dejen y me quedó muy chico Matías.
De tanto llorar sin poder conciliar el sueño y de ahogarme por llorar con todas mis ganas, empecé a ahogarme y toser, sintiendo muchas ganas de vomitar. Corrí al baño tratando de calmarme, pero no pude y cuando entré vomité como pocas veces en mi vida. Me calmé mientras me lavaba la cara y los dientes y volví a acostarme. Un poco mareada por la situación y no entendiendo mucho me explique como pude a mi misma lo que había pasado. Lo peor del caso es que me sentía mejor y me había relajado un poco. Vomitar me había hecho vaciar un montón de angustia que ya no se encontraba más en mí. Creí que vomitar era, a corto plazo, mi salida de todo lo malo en mí… después me vine a enterar que era solo la entrada.

lunes, 28 de marzo de 2011

Capitulo 1- Y.. muy bien no empezamos

Para empezar me gustaría decir que esto tendría que haber empezado a escribirse mucho antes. Sería más sentido, también más confuso seguramente, pero las cosas se me harían frescas para recordar. Guardo los recuerdos con cuidado pero al pasar el tiempo mis mismas ganas de a veces enterrarlos hacen que sean frágiles. Además de que ahora no se ni por donde empezar.
Creo que el comienzo de todo esto tuvo lugar en 1991.
Una “señorita” de tan solo quince añitos se involucraba casualmente con un tipo casado. Típica historia con final cantado; predecible y más de lo mismo. Producto de una borrachera, un faso o ganas de ponerla derivaron en que la piba termine teniendo sexo casual con el señor. Resumiendo, no se si por un forro pinchado o por calentura pura la mina termino con un atraso confirmado en embarazo. Imagino que entre llantos y algún pensamiento del tipo “mi vida es una mierda” decidieron ella y toda su familia que debía darlo en adopción, seguramente considerando abortar también. Algo de lo que él nunca se enteró.
Por alguna casualidad de la vida o simplemente porque este tipo de cosas pasan todos los días había una pareja buscando adoptar y después de cuadrar todo, ella vivió su embarazo en otra ciudad, cercana, hasta dar a luz a una nena.
Como verán nunca me la hicieron fácil. Me llamo Anabell y acá estamos. La historia empieza así.
Llegué a las vidas de mis viejos adoptivos que estaban más que felices de tenerme y me esperaban hacía mucho tiempo. Por algo caí acá… Me crié con mi abuela, protagonista en mi vida también, que siempre me cuidó mientras mis viejos trabajaban. No creo que le haya dado muchos problemas, por lo menos eso me dicen. No entiendo bien a la gente que dice que se acuerda todo de cuando eran chicos. Tengo recuerdos si, pero no se si son suficientes como parar armar algo. Me acuerdo de mi primer casa y mi primer perro, una cocker spaniel que se llamaba Pimpi. Me acuerdo de los domingos de verano a la mañana cuando encontraba bombuchas a medio inflar que los vecinos tiraban a mi patio. Me acuerdo de un día que tenia fiebre y la alfombra de salita de seis del jardín. No existen memorias sin Marina, mi mejor amiga del barrio. Me acuerdo de Ivo, otro vecinito y compañero de jardín. Me acuerdo de estar mirando Tomates Asesinos y que se me caigan no uno sino dos dientes.
Después de eso no se si me acuerdo muchas cosas más. Mi mamá inventando cuentos y mi papá jugando.
Me es muy raro pensar en todo esto después de tanto tiempo. Los años fueron pasando y nunca entendí muy bien porqué, pero mis viejos perdieron ese departamento y nos tuvimos que mudar. Nos fuimos a una casa más grande y antigua, con mucho patio. Al poco tiempo Pimpi murió y sé que lloré mucho, pero no me acuerdo bien. Me regalaron una labradora negra para compensar la pérdida y de eso si me acuerdo. Me subí al auto cuando mi mamá me fue a buscar al colegio y me estaba esperando envuelta en una mantita. Era tan linda y suavecita. Claro, a esa edad nadie me explicó el significado de albino… Así que mi perra negra se llamo Albina.
En el colegio nunca me destaqué y nunca me importó mucho tampoco, seamos sinceros. Mis doce años de primaria y secundaria los hice en el mismo instituto, sumándole dos de jardín, pasé casi quince años en ese lugar. Me llevé muchas cosas; amigos, hermanos, profesores que quiero, risas, llantos, vergüenzas, orgullos y por momentos ganas de quedarme para siempre. Aunque quise irme y no volver a pisarlo nunca más y a veces tengo ese sentimiento, no puedo negar que fue y es una casa en la que encontré las hermanas que nunca tuve. Creo que es medio obvio aclarar que sí, que soy hija única y estoy bastante contenta de que así sea.
No sé que decir exactamente, porque esperé mucho para escribir esto. Además se me hace un poco egocéntrico escribir una especie de autobiografía y no siento ser así, pero por alguna razón necesito dejar escrito en algún lado todo esto. No tengo idea de si alguna vez alguien va a leer lo que escribo pero el simple hecho de escribirlo ya es un crecimiento para mí.
Tratando de contar todo, ahora que lo pienso, ni siquiera se cuando todo esto se empezó a enredar, y cuando digo todo esto quiero decir; mi vida.
Con el karma de mi madre biológica quedando embarazada de algún flaco que es el día de hoy que no sabe que existo podría esperarme cualquier cosa, y la verdad es que a pesar de que tengo mala leche no dejo de sorprenderme. ¡Un aplauso Anabell! ¡Siempre encontras la manera de hacerme reír cuando cagas todo! Jaja, ¡Yo también me cagaria de risa si no fuera porque lo que me pasa, me pasa mi, la puta que me parió!